
Cuando Amparo Climent me presenta el primer libreto (llegamos a hacer 22) de EL SUEÑO DE UN POETA. Miguel Hernández y los poemas musicados por Gloria Vega, vi que lo que no había que hacer era el clásico recital poético raído y sobado de los trasnochados atriles Huyendo de ese concepto, comenzamos a explorar qué acción, qué conjunto de actitudes, qué emoción y qué movimiento reclamaban los poemas de Miguel. Fue un trabajo arduo, pues su poesía no es fácil de desentrañar. Así, hilo a hilo, fuimos engarzando un espectáculo que, junto a la música, dio forma a un montaje teatral empírico, a lo que yo llamaría una No puede comprenderse la poesía de Miguel sin conocer su vida. Desde otro tono y otra distancia, su trágica existencia se va narrando de manera sólida y objetiva.